‘EL PROCESO DE LA HABANA HAY QUE TERMINARLO’: ÓSCAR IVÁN ZULUAGA – EL TIEMPO

‘El proceso de La Habana hay que terminarlo’: Óscar Iván Zuluaga

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10:14 p.m. | 27 de Octubre del 2013

Entrevista al candidato Uribista.

Detalla su discurso sobre el proceso de paz y como encararía su gobierno en caso de ser elegido presidente.

¿Qué hará usted con el proceso de paz?

Nunca he creído en este proceso, porque parte de una premisa equivocada. Un Estado legítimo no se puede sentar de igual a igual a hablar con una organización que sigue cometiendo actos terroristas y financiándose con el narcotráfico. Tumaco lleva 20 días sin luz. Eso no ocurrió en los ocho años de gobierno de la seguridad democrática. Aquí hay una equivocación tremenda. La paz no se negocia en La Habana. La agenda nacional no se discute con las Farc. Los colombianos tenemos que entender que la paz está en solucionar los problemas de los colombianos en educación, empleo, justicia, seguridad. Es la única paz estable y duradera y esa es la que me propongo entregarles a los colombianos.

¿Por qué con los ‘paras’ sí y con las Farc no? Usted era senador cuando, durante el gobierno Uribe, se presentó la ley de justicia y paz, que contemplaba más impunidad para unos tipos que también eran narcotraficantes y terroristas…

Porque esa ley buscaba el sometimiento de una organización terrorista, y no la negociación con una organización terrorista. Estoy de acuerdo en que, si se va a buscar una paz negociada, se hable de reducción de penas, pero no lo que se está planteando hoy.

Ante su candidatura, ¿qué les convendría más a las Farc: correr a hacer la paz con Santos o esperar a ver si usted gana?

Los colombianos no vamos a aceptar cualquier tipo de paz. Tiene que ser una paz digna, estable, duradera, no una paz a cualquier costo. En eso hay una profunda equivocación del Gobierno. Les entregó la agenda del país a las Farc y toda su agenda política depende de qué logre hacer con las Farc. Esto se volvió una carrera contrarreloj. Una paz no se construye así, sino solucionándoles los problemas sociales a los colombianos.

¿Qué haría con el fallo de Nicaragua?

No lo acepto, no lo acato. No se puede aplicar. Colombia no puede entregar ni una gota de agua.

¿O sea que, si usted gana la presidencia, levanta el primer día de gobierno la mesa de La Habana?

Esto hay que terminarlo mucho antes. No entiendo cómo Tumaco lleva tres semanas sin luz y el Gobierno insiste en buscar una paz negociada con un grupo terrorista que sigue atentando contra los colombianos. La política de seguridad democrática demostró que a la guerrilla se la puede debilitar y desarticular para buscar una paz en condiciones dignas para los colombianos.

Y si, por el contrario, usted llega a la presidencia y encuentra firmado el proceso de paz, ¿qué hace?

No sé qué tipo de proceso de paz será, porque claramente los colombianos no la queremos a cualquier costo. Espero interpretar el sentimiento de los colombianos en que sea una paz digna, estable y duradera.

Le insisto: ¿desconocería lo firmado?

Habrá que ver qué es lo que se va a firmar, y por eso les estamos advirtiendo que no vayan a firmar una paz con base en impunidad, que no sea digna para los colombianos. Queremos la paz, pero desde otra perspectiva. Seré el candidato que luchará por una paz que para los colombianos signifique superar sus problemas de empleo, educación y salud. Esa es la paz, dentro de la institucionalidad, con la Constitución y la ley, de la mano de las Fuerzas Militares, que es la paz digna para el país.

http://www.eltiempo.com/politica/entrevista-con-scar-ivan-zuluaga_13145837-4

 

 

El recién elegido candidato, ‘advierte’ al Gobierno que no vaya a firmar paz con impunidad.

¿No es un poco injusto que Pacho Santos encabezara todas las encuestas pero usted terminara ganándole en la convención?

Estábamos en busca del candidato del uribismo capaz de defender unas propuestas. Venimos de elegir a Santos para que defendiera unas ideas, pero terminó gobernando con otras. El escenario lógico, natural, para definir ese candidato, era la convención. Donde todos los líderes uribistas del país, de todos los sectores sociales, económicos, políticos, se reunieron para definir quién iba a ser ese candidato. Me eligieron a mí. (Lea también: Las claves para la elección de Zuluaga).

Aquí metieron manos personas muy hábiles en la carpintería política, como el exministro Fabio Valencia Cossio. Muchos habían anticipado que esa logística le daba a usted una ventaja…

La logística no es una ventaja. Aquí votaron 1.300 líderes de todos los sectores sociales, políticos, académicos, empresariales y de todas las regiones. Era el uribismo de carne y hueso definiendo, alrededor de unos programas, quién debería ser su candidato presidencial, el que mejor los interpretara, para recuperar el poder y que el uribismo pueda ser nuevamente esa alternativa que los colombianos estamos reclamando. (Vea: Así fue la elección de Óscar Iván Zuluaga como candidato presidencial del uribismo).

Nadie pone en duda sus méritos para esa candidatura. Pero muchos pensaban, además, que la pelea entre un Santos Calderón y otro Santos Calderón facilitaba una tercería, probablemente de izquierda…

Aquí lo que hubo fue una contienda democrática. Hubo tres precandidatos, gané yo. Ahora será Santos versus Zuluaga.

¿Como hará para que esa fuerte personalidad del presidente Uribe no se lo trague a usted, y termine siendo, no voy a decir títere, que es irrespetuoso, sino su clon?

El candidato presidencial del uribismo es Óscar Iván Zuluaga. Tengo una profunda lealtad con las ideas del presidente Uribe y espero que, como buen alumno, llegue a ser mejor presidente que él. Es lo que más deseo.

¿Sus jefes de debate serán los aspirantes perdedores, Santos y Trujillo?

Este es un trabajo en equipo y hay un compromiso entre los tres. Les pido que me ayuden a ganar la presidencia y luego que me ayuden a gobernar.

¿Qué hará usted con el proceso de paz?

Nunca he creído en este proceso, porque parte de una premisa equivocada. Un Estado legítimo no se puede sentar de igual a igual a hablar con una organización que sigue cometiendo actos terroristas y financiándose con el narcotráfico. Tumaco lleva 20 días sin luz. Eso no ocurrió en los ocho años de gobierno de la seguridad democrática. Aquí hay una equivocación tremenda. La paz no se negocia en La Habana. La agenda nacional no se discute con las Farc. Los colombianos tenemos que entender que la paz está en solucionar los problemas de los colombianos en educación, empleo, justicia, seguridad. Es la única paz estable y duradera y esa es la que me propongo entregarles a los colombianos.

¿Por qué con los ‘paras’ sí y con las Farc no? Usted era senador cuando, durante el gobierno Uribe, se presentó la ley de justicia y paz, que contemplaba más impunidad para unos tipos que también eran narcotraficantes y terroristas…

Porque esa ley buscaba el sometimiento de una organización terrorista, y no la negociación con una organización terrorista. Estoy de acuerdo en que, si se va a buscar una paz negociada, se hable de reducción de penas, pero no lo que se está planteando hoy.

Ante su candidatura, ¿qué les convendría más a las Farc: correr a hacer la paz con Santos o esperar a ver si usted gana?

Los colombianos no vamos a aceptar cualquier tipo de paz. Tiene que ser una paz digna, estable, duradera, no una paz a cualquier costo. En eso hay una profunda equivocación del Gobierno. Les entregó la agenda del país a las Farc y toda su agenda política depende de qué logre hacer con las Farc. Esto se volvió una carrera contrarreloj. Una paz no se construye así, sino solucionándoles los problemas sociales a los colombianos.

La educación es uno de sus temas: ¿qué haría distinto?

Recogería lo que se ha venido haciendo, pero de manera más ambiciosa. Si Colombia quiere ser un país de clase media, será a partir de la educación pública. Tengo dos propuestas: implementar en los colegios públicos la jornada única ordinaria de 8 a. m. a 4 p. m., lo cual implica dos alimentaciones gratuitas. Que todo joven egresado de un colegio público de grado once salga con un título de técnico del Sena. Y lo segundo, que todos los bachilleres de Colombia, los 800.000, tengan acceso a la universidad y a la formación tecnológica de calidad. Si entendemos que Colombia es un país joven, el promedio de edad es de 26 años, y esa es la prioridad de la política pública, habremos entendido cómo se deben transformar las condiciones de vida de nuestro país. El tiempo es hoy.

Usted fue ministro de Hacienda de Uribe. ¿Cuál es su principal crítica a la economía manejada por este gobierno?

No me resigno a que el país tenga que crecer a tasas del 4 por ciento. El país hay que pensarlo en grande, para que crezca por lo menos al 6 por ciento, como lo entregamos nosotros, si queremos tener un país con inclusión social. ¿Por qué estamos creciendo menos que Perú y que Chile? En nuestro gobierno la inversión crecía a tasas anuales del 10 y 11 por ciento. Hoy crece a tasas del 3 por ciento. Es una profunda diferencia. ¿Por qué se ha reducido tanto si entregamos un país listo para atraer y conquistar tasas de inversión mayores?

Porque de pronto, como dice el exministro Perry, llegó la hora de un cambio de tercio, porque los países en desarrollo ya no van a seguir impulsando la economía mundial…

Para eso son los gobiernos: para anticipar. ¿Qué hay que cambiar en el caso de Colombia? Que los dos motores del crecimiento económico sean la agricultura y la industria. Si logramos eso, el país va a poder ver un avance sustancial y enfrentar choques externos, porque va a depender más de innovación, creatividad, competitividad y mano de obra calificada, y para que ese crecimiento genere lo más importante, inclusión social.

¿Y cómo se logra eso?

Nosotros les enseñamos a los colombianos cómo era el camino: con inversión, que necesita seguridad y estabilidad en las reglas de juego. Algo tan sencillo es la realidad: la economía crece más si hay más inversión, y esa inversión se debe priorizar en los sectores agrícola e industrial a partir de innovación, de más valor agregado, de aumentar la oferta exportable. Colombia, hoy, exporta 60.000 millones de dólares, uno de los más bajos índices exportadores per cápita. ¡Este país, con la población y los recursos y los TLC que se han firmado, es para llevarlo a que exporte cien mil millones de dólares! A Colombia hay que pensarla en grande.

¿Esta reforma tributaria es una catástrofe?

Es muy confusa y no le salió bien al Gobierno. La recaudación no responde, el Crea ha sido un caos, la clase media terminó siendo afectada, ese no es el camino.

¿Qué haría con el fallo de Nicaragua?

No lo acepto, no lo acato. No se puede aplicar. Colombia no puede entregar ni una gota de agua.

¿La suya va a ser una campaña contra el presidente Santos?

Esta va a ser una campaña para ganarnos la confianza de los colombianos, recuperar el ritmo y mostrarles que, desde el uribismo, Colombia puede volver a pensar en grande en materia de seguridad, justicia, inversión, educación de nuestros jóvenes. Tenemos una propuesta muy ambiciosa: reducir el impuesto a las empresas, para que esos recursos se conviertan en prima de vivienda de los trabajadores colombianos de bajos ingresos. Eso es pensar en grande y es lo que está esperando Colombia.

¿Por qué el uribismo acusa al Presidente de traidor?

Sencillísimo. Cambió a Uribe por el régimen totalitario de Chávez y le entregó a Chávez las llaves de la paz. Desmontó la política de seguridad democrática, que fue la que eligió a Santos.

Los países necesitan una perspectiva compartida como nación, tanto para hacer la guerra y ganarla como para buscar la paz y lograrla. ¿Se justifica esa virulencia contra el presidente Santos?

A los tres días de su posesión vino la visita de Chávez, y después supimos que había iniciado con mucha anticipación los preparativos para armar el proceso con las Farc en La Habana. Es la negación de la política de seguridad democrática. Si nos lo hubieran dicho, no lo habríamos elegido. Juan Manuel Santos, como ministro de Defensa, era el que daba las coordenadas de dónde estaban los campamentos de las Farc. Era el que más insistía sobre el problema de Chávez y de Venezuela. Ese era el eslabón que faltaba para haber debilitado mucho más a la guerrilla. Y, en lugar de eso, Santos le entregó las llaves de la paz a Chávez.

¿O sea que, si usted gana la presidencia, levanta el primer día de gobierno la mesa de La Habana?

Esto hay que terminarlo mucho antes. No entiendo cómo Tumaco lleva tres semanas sin luz y el Gobierno insiste en buscar una paz negociada con un grupo terrorista que sigue atentando contra los colombianos. La política de seguridad democrática demostró que a la guerrilla se la puede debilitar y desarticular para buscar una paz en condiciones dignas para los colombianos.

Y si, por el contrario, usted llega a la presidencia y encuentra firmado el proceso de paz, ¿qué hace?

No sé qué tipo de proceso de paz será, porque claramente los colombianos no la queremos a cualquier costo. Espero interpretar el sentimiento de los colombianos en que sea una paz digna, estable y duradera.

Le insisto: ¿desconocería lo firmado?

Habrá que ver qué es lo que se va a firmar, y por eso les estamos advirtiendo que no vayan a firmar una paz con base en impunidad, que no sea digna para los colombianos. Queremos la paz, pero desde otra perspectiva. Seré el candidato que luchará por una paz que para los colombianos signifique superar sus problemas de empleo, educación y salud. Esa es la paz, dentro de la institucionalidad, con la Constitución y la ley, de la mano de las Fuerzas Militares, que es la paz digna para el país.

MARÍA ISABEL RUEDA

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