PERSPECTIVA GUERRILLERA SOBRE LAS DROGAS

Colombia | Diálogo sin tregua

Perspectiva guerrillera sobre las drogas

30 – nov – 2013

http://portaldelsur.info/2013/11/perspectiva-guerrillera-sobre-las-drogas/

Antes de iniciarse la segunda jornada de la 17ª ronda de negociaciones de paz entre el gobierno de Colombia y la guerrilla de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) –dedicada a la problemática de cultivos ilícitos, narcotráfico y consumo de narcóticos–, el jefe de la delegación guerrillera, Iván Márquez, dio lectura a un comunicado orientado a enmarcar el debate sobre la temática.

Según afirmó el delegado guerrillero, la inclusión del tema en la agenda de diálogos “es un reconocimiento del fracaso de la política antidrogas y de la necesidad de encontrar una salida que contribuya a poner fin a la profunda injusticia a la que han sido sometidas las comunidades campesinas”.

En efecto, las FARC rechazan la reducción de la problemática a “un asunto de campesinos productores de ‘cultivos ilícitos’, frente a los cuales debe imponerse la política criminal del Estado”, sino que afirman la necesidad de considerar el fenómeno como “un negocio corporativo transnacional que abarca todas las fases del proceso de producción (producción, circulación, distribución y consumo)” que se beneficia de “altísimas tasas de rentabilidad” en función del “creciente consumo proveniente de los países del capitalismo central y, sobre todo, de su carácter ilegal”.

En este sentido, sostienen que los mayores beneficiarios de este negocio ilegal son los “grandes narcotraficantes, altos funcionarios del Estado –incluidas sus fuerzas militares y de policía–, empresarios capitalistas y banqueros transnacionales (quienes) amasan gigantescas fortunas que son reinvertidas en el proceso de acumulación, o son destinadas al consumo extravagante”.

Según las FARC, la denominada “guerra contra las drogas” (a la que definen, “en lo fundamental”, como “el producto de un diseño geopolítico imperialista”) no se orientó nunca hacia “los componentes más lucrativos del negocio” sino contra los más débiles. “En el caso de la cocaína, contra los cultivadores de la hoja de coca, los procesadores primarios de la pasta de coca y los consumidores de cocaína”, en lugar de enfrentar las causas estructurales que dieron origen a los cultivos campesinos, añadieron.

Esta estrategia, asumida por “las clases dominantes” y “los gobiernos (colombianos) de las últimas décadas” –para dotarse de “nuevos argumentos” que dieran continuidad a la guerra contrainsurgente una vez desaparecida “la amenaza del comunismo internacional”– contribuyó “directa e indirectamente a la creación de estructuras mafiosas” y “activaron toda una maquinaria de destrucción, persecución, estigmatización y criminalización contra el campesinado”, involucrando a sus responsables en “nuevas formas del terrorismo de Estado”, a través de “organizaciones narco-paramilitares”.

Además, la “desocupación forzada de territorios”, a manos de las fuerzas paramilitares, permitió la “explotación de la riqueza natural minero-energética por parte de empresas transnacionales, el desarrollo de megaproyectos infraestructurales y la promoción de cultivos de larga duración para la producción de agrocombustibles”, mientras que “el negocio financiero se ha visto incentivado por la incorporación de los capitales ilícitos en sus circuitos”.

Según la perspectiva guerrillera, la historia social colombiana demuestra que amplios “sectores del campesinado colombiano y de algunas comunidades indígenas fueron empujados”, por “la imposibilidad de acceder a la tierra y por el ejercicio secular de la violencia contra el campo”, a colonizar tierras inhóspitas e incomunicadas en condiciones de abandono estatal. En estas circunstancias de marginalidad y de persecución, el cultivo de la hoja de coca –que en la década de 1980 se había desplazado desde Bolivia y Perú– se convirtió en la única alternativa de subsistencia para los colonos.

En tal sentido, Márquez reconoció: “(las FARC) no teníamos ni el derecho ni la vocación de volvernos contra la población, (por lo que) nos vimos obligados a establecer un régimen de tributación y de regulación a las transacciones realizadas por los campesinos, siempre pensando en sus derechos, protegiéndolos frente a abusos de intermediarios y narcotraficantes, sin desatender nuestro propósito político mayor”.

Descriminalización del consumo

Mientras que el gobierno aspira, según expresó el jefe de su delegación, Humberto de la Calle, a un “país sin coca”,  la parte guerrillera repuso que aspira a un “país con coca para usos alimenticios, medicinales e industriales, y de reconocimiento pleno y respeto a los usos culturales que nos enseñan nuestras comunidades indígenas”. En cuanto a los usos ilícitos de la coca, las FARC manifestaron “preocupación por considerar el consumo de drogas psicoactivas desde la perspectiva de la salud pública”.

En tal sentido, la guerrilla sostiene que la persecución, estigmatización y criminalización de los consumidores de sustancias psicoactivas se orienta a convertirlos en “objetos de políticas de dominación y control social”. En tal sentido, afirman, la criminalización “resulta útil para militarizar la vida social”.

Propuestas de las FARC para abordar la construcción de acuerdos sobre el problema de las drogas ilícitas: (POST: https://pauproject.wordpress.com/2013/12/04/vision-sobre-una-solucion-al-problema-de-las-drogas-ilicitas/ )

las claves
• Las delegaciones de paz del gobierno de Colombia y de las FARC iniciaron ayer el tratamiento del tercer punto de la agenda de diálogos de paz, referido a cultivos ilícitos.
• Las FARC dieron a conocer un documento en el que explican su abordaje de la problemática de los cultivos ilícitos, el narcotráfico y el consumo de estupefacientes.
• Según afirmaron, la criminalización de consumidores y campesinos cultivadores es una estrategia de control social y una excusa de militarización de la sociedad.
• Instaron a distinguir entre la hoja de coca y la industria de la cocaína, cuyos verdaderos beneficiaros económicos no son objetivo de la “guerra contra las drogas”
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