UNAS ELECCIONES CONTRA LA PAZ

Unas Elecciones Contra la Paz

Parent Category: Voces del ELN
Category: Comando Central
Published on Monday, 17 March 2014 05:00
Written by Editorial N.416 / Revista Insurrección

http://www.eln-voces.com/index.php/en/voces-del-eln/comando-central/844-unas-elecciones-contra-la-paz

 

 

 

 

Los resultados de las elecciones realizadas este 9 de marzo en Colombia,  para elegir 102 senadores y 166 representantes a la Cámara, dejan la idea que aquí, la historia no camina, como si lo hace en el resto del continente.

Los cambios en América Latina se siguen dando con el segundo mandato de Michel Bachelet en Chile, que ahora tiene mayorías parlamentarias y anuncia un gobierno más de izquierda y, el triunfo del ex guerrillero Salvador Sánchez Cerén en El Salvador. En el 2014 están pendientes las elecciones presidenciales en Panamá, Colombia, Brasil, Uruguay y Bolivia; donde es segura la reelección de la presidenta Dilma Rousseff en Brasil y del presidente Evo Morales en Bolivia, mientras que en Uruguay retornaría a la presidencia el ex mandatario Tabaré Vásquez.

En estas elecciones colombianas sigue imponiéndose la ultraderecha y la derecha, quienes ganaron el 92,3 por ciento de la votación, al sumar la votación del Partido de la U, el Conservador, el Liberal, el de Uribe, Cambio Radical y el de Opción Ciudadana, antiguo PIN. Las fuerzas de Izquierda y de Centro, sólo llegaron al 7,7 por ciento de la votación para el Senado.

Este resultado no refleja la realidad del país ni el descontento de la población  ni el escepticismo de los colombianos frente a las instituciones estatales ni el desprestigio de la elite política. No refleja el desprestigio del gobierno, la desigual distribución de la riqueza, los estragos del modelo neoliberal, la corrupción, la impunidad, etc.

Estas elecciones demuestran lo inamovible del régimen político colombiano, su comportamiento excluyente, intransigente y prepotente; la falsedad de la democracia colombiana, los efectos de décadas de paramilitarismo y de tierra arrasada, el exterminio de la oposición política y social; a lo que hay que agregar los errores, vacíos y divisiones de la Izquierda y nuestra debilidad para priorizar la unidad y para ofrecer alternativas creativas y atrayentes para las grandes mayorías.

La ilegitimidad del régimen se evidencia en la abstención del 56,5 por ciento, los votos nulos llegaron al 10,4 por ciento, los votos no marcados al 5,9 por ciento y el voto en blanco al 6,2 por ciento, una cifra mayor a la de las elecciones anteriores.

Más de la mitad de la población no se siente motivada a ir a las urnas, pues desde ahí no se cambia nada, y, de los que van a votar, una quinta parte no escoge ningún candidato. Si a estas cifras se suma la votación de la izquierda, los partidos de la oligarquía apenas tienen el respaldo del 30 por ciento de los posibles electores, un porcentaje muy bajo, si estimamos el gran derroche de dinero y la apabullante campaña mediática, que no alcanzan a esconder la ilegitimidad que brota a chorros por todo el cuerpo del régimen.

El descrédito rebosó la copa en la votación para el Parlamento Andino, que apenas fue del 31 por ciento, mientras el voto en blanco fue superior al 35 por ciento, lo que cuestiona a este organismo burocrático, que consume grandes presupuestos y no cumple ningún papel efectivo.

Las elecciones siguen siendo un lucrativo negocio, donde los grandes capitales invierten en sus testaferros, quienes instalados en el Congreso se dedican a legislar, para que sus patrocinadores obtengan ganancias extraordinarias.

Otra vez quedó al desnudo un sistema electoral corrupto, manipulado, que distorsiona cualquier fundamento de democracia, donde campean el clientelismo, los gamonales, las mafias, la compra-venta de votos, los votos cautivos, las amenazas, la disposición del aparato gubernamental y del dinero público, para favorecer a los gobernantes y sus clientelas. Se soborna a la miseria popular con el bulto de cemento, la beca, unas tejas, la promesa de unas obras o de un puesto, o con un simple refrigerio o una botella de licor.

Otra evidencia que reitera el anclaje en el pasado, es el peso que sigue teniendo el paramilitarismo, quien se afianza como la principal maquinaria electoral en Colombia, que doblega todo y a todos con su “ley metálica: la plata o el plomo”, quien no se deja sobornar se muere. En estas elecciones volvieron a adueñarse de 69 curules, a través de familiares directos o testaferros de confianza.

La Fundación Paz y Reconciliación, realizó una investigación en 14 de los 32 departamentos que tiene el país y lograron descubrir que el paramilitarismo tenía 131 candidatos, distribuidos en los diferentes partidos de la oligarquía. De ellos, 69 fueron elegidos, 33 para el Senado y 36 para la Cámara. De los 33 elegidos al Senado, 11 son del Partido de la U, 7 del Partido Conservador, 5 del Partido Liberal, 5 de Opción Ciudadana (PIN), 3 de Cambio Radical y 2 del Centro Democrático.

Si esa investigación se hubiera podido realizar en los 18 departamentos restantes, lo más seguro es que ahora se pudiera afirmar que están superando el 35 por ciento del Congreso en poder de estas mafias, como se jactaba el capo Salvatore Mancuso. Antes, todos ellos fueron incondicionales al presidente Uribe y hoy la mayoría lo son al presidente Santos, pues al ser el paramilitarismo una herramienta del Estado, está al servicio del gobierno de turno.

La actual generación de políticos ligados al paramilitarismo alega que no se le puede endilgar el “delito de sangre”, pues los criminales son sus familiares judicializados o no, pero que ellos están libres de cargos. Es cierto que los delitos cometidos no se heredan a los familiares, pero lo que si se hereda son las fortunas de los narco capitales y las bandas de sicarios, que controlan sus mafias y clientelas electorales.

 

Las mayores votaciones individuales para Cámara y Senado fueron para la izquierda, exceptuando a otro escaso grupo que salieron elegidos por el voto de opinión, el resto de las votaciones más altas las pusieron los nuevos para-políticos. Se destaca el gamonalismo mafioso de la costa Atlántica, porque en Atlántico, Córdoba y Sucre, que apenas tienen el 9 por ciento de la población colombiana, se quedaron con el 26 por ciento del Senado.

La trampa más infame la hizo la paramilitar Enilse López, alias la gata, contra la circunscripción especial para la Cámara de los afro descendientes, al imponer a sus testaferros María del Socorro Bustamante y Moisés Orozco, quienes ni siquiera son afros, mediante la creación de una organización de fachada.

Sigue la disputa entre la derecha que encabeza el presidente Santos y la ultraderecha paramilitar que encabeza Uribe, que dificultan la reelección de Santos y seguramente impondrá una segunda vuelta en las elecciones presidenciales.

Los perdedores de estas elecciones somos los colombianos que estamos por una solución política del conflicto, porque contra la paz conspiran tanto Uribe, como el creciente giro a la derecha que hace Santos.

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