RÍOS DE ORO Y RÍOS DE SANGRE’

Ríos de Oro y Ríos de Sangre’

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Colombia es un país de paradojas. Eduardo Galeano una vez lo describió como “un país donde ríos de oro confluyen con ríos de sangre”. Es el país con el ejército más grande y poderoso del hemisferio, después del de los EE.UU, con un gobierno que a la vez dice querer negociar la paz. Es el país que se jacta de tener de “la institucionalidad democrática más antigua de América”, y a la vez permite que los herederos de la parapolítica ocupen 69 curules del aparato legislativo, lo cual representa un 3 por ciento del Congreso de República.

Definitivamente, el paramilitarismo retorna al escenario de la política nacional. Entre los casos más emblemáticos y escandalosos están el de Mauricio Aguilar, hijo del ex gobernador de Santander Hugo Aguilar, condenado por parapolítica; o el caso de Doris Vega, esposa del ex senador Luis Alberto Gil, condenado a siete años de prisión en el 2012 por sus pactos con el Bloque Central de los paramilitares; al igual que Teresita García Romero, hermana del ex senador Álvaro García, condenado a 40 años de cárcel por la masacre de Macayepo, en la que fueron salvajemente masacrados 16 campesinos a piedra, machete y cuchillo.

De igual manera, se denuncia que de las 21 mujeres elegidas en el Senado, la mitad está cuestionada por sus vínculos con la parapolítica. Sucede lo mismo con los representantes elegidos en la circunscripción afrodescendiente -que no son afrodescedientes- también cuestionados por nexos con el narco paramilitarismo.

Un primer interrogante que suscitan estos hechos es: ¿Dónde quedan las víctimas? ¿Qué expectativa real pueden tener las víctimas cuando los victimarios recuperan su poder dentro del Congreso?

En esta democracia paramilitarizada, la misma que destituye a un alcalde elegido por voto popular y se le inhabilita políticamente durante 15 años, continúan siendo asesinados defensores de derechos humanos, a 31 activistas de Marcha Patriótica y a los reclamantes de tierras.

Los paros agrarios y mineros del 2013 dejaron en evidencia que las estructuras paramilitares y, por lo tanto, del poder mafioso están intactos. No es casual que el paramilitarismo vuelva a mostrar sus garras justamente cuando el movimiento social-popular está viviendo un momento histórico de ascenso y prepara un nuevo Paro nacional.

El régimen apuesta a negociar la paz con la guerrilla, pero a la vez mantiene intactas las estructuras de poder político y económico que lo sustentan. El contexto electoral le exige al gobierno de Santos mantener la careta democrática y dialogante, empleándose a fondo en la defensa las estructuras del poder dominante. Es decir, crear la ilusión de un cambio, para que todo siga igual.

La reactivación del Consejo Nacional de Paz es una cortina de humo diseñada para perpetuar la ilusión de la democracia. Plantea una mayor participación democrática dentro del proceso de paz, justamente cuando las estructuras históricamente responsables del exterminio de la oposición política recuperan su protagonismo político nacional.  Claramente se trata de una táctica electoral, ya que la reelección de Santos depende del éxito del proceso de paz

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