¿LLEGÓ EL MOMENTO DEL CESE AL FUEGO?

¿Llegó el momento del cese al fuego?

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El candidato Juan Manuel Santos reveló esta semana que el Presidente Juan Manuel Santos tenía información de dónde podría estar alias Timochenko y agregó que él, el candidato, lo pensaría dos veces antes de ordenar actuar contra él. Al gobierno no le gustó la declaración del candidato, tanto que el director de la Policía y el Ministro de Defensa salieron a refutarlo y le recordaron al candidato, que eso en este momento no era una opción sino una obligación.

El candidato no volvió a decir nada del tema y el Presidente tampoco se refirió a él. Los asesores del candidato también se sorprendieron con la declaración y se preocuparon a pesar de que han escogido con todo cuidado los medios y los periodistas a los que les conceden las entrevistas. Algunos le sugirieron al candidato que había que seguir mejor las declaraciones del Presidente para no entrar en contradicciones.

Pero más allá de las diferencias que puedan haber surgido entre el candidato y el Presidente, el primero abrió una discusión sobre los efectos que una operación militar podría tener hoy en la mesa de  negociación de La Habana. El candidato dijo, por ejemplo, que cuando el Presidente había tomado la decisión de ordenar actuar contra alias Alfonso Cano era otro escenario. Insinuó que en este estado de avance del proceso hay mucho que preservar y que por tanto él, si llegara a ser Presidente, “lo pensaría dos veces”.

En otra ocasión el Presidente había dicho que un “magnicidio” haría romper el proceso. Comentaba unas “revelaciones” del Ministro de Defensa sobre un atentado que preparaba la guerrilla contra el ex presidente Álvaro Uribe. La duda del candidato surge ahora en sentido contrario al que el Presidente señalara en esa ocasión. El candidato piensa que capturar o “dar de baja” –para usar el lenguaje del Ministro- a Timochenko podría acabar con el proceso y se ha avanzado mucho como para ponerlo en riesgo.

El Presidente tomó la decisión de adelantar un proceso de paz en medio del conflicto y desde entonces ha repetido que los hechos de la guerra no tienen por qué afectar las negociaciones. La regla se ha cumplido hasta ahora por lo que a pesar de que la guerrilla ha cometido crímenes sin nombre como el reciente asesinato de dos policías en Tumaco, para solo mencionar un solo ejemplo, el Gobierno ha mantenido su decisión de intentar llegar a acuerdo para la terminación del conflicto.

En este año y medio de negociaciones ha habido golpes contra la guerrilla y las Farc tampoco han reclamado. Es la regla pactada.

Negociar en medio de la confrontación fue la decisión más difícil de las que tuvo que tomar el Presidente al iniciar las negociaciones y ha servido de caballito de batalla a los opositores que han reclamado una y otra vez por qué no se les “exigió” a las Farc dejar de cometer actos terroristas para demostrar su “voluntad de paz”. Por eso el Presidente se sorprendió tanto con las declaraciones del candidato.

Santos, el Presidente, hizo –a mi juicio- lo correcto. El propósito era buscar que la negociación no fuera aprovechada como una ventaja militar por parte de la guerrilla. Así ya lo había hecho en el Caguán y las consecuencias habían sido trágicas.

Una buena parte de los ciudadanos, que desconfiamos con suficientes razones de las Farc, apoyamos la decisión del Presidente: los avances en lo militar no se pondrían en riesgo. Por eso nos sorprendieron las declaraciones del candidato.

Lo deseable es lograr un acuerdo, en el marco de una negociación, para terminar el conflicto y poder finalmente construir una sociedad en paz y desbloquear la agenda política que encuentra su mayor obstáculo en la confrontación. Algún día los colombianos tendremos que poder hablar de otras cosas.

Esa fue la decisión del Presidente Santos que muchos hemos venido apoyando casi sin condición y otros han venido criticando sin consideración. No hay términos medios.

El candidato abre ahora una nueva discusión, la que los uribistas habían propuesto desde el primer día, la que las Farc han repetido desde el primer día: si debe haber un cese al fuego. El candidato lo propone para evitar que algún hecho de la guerra, como capturar o dar de baja al jefe de la guerrilla pueda dar al traste con lo mucho que hasta ahora –según le ha dicho el Presidente- se ha conseguido en término de construcción de acuerdos. Los uribistas lo proponen porque saben que así torpedean el proceso y las Farc lo hacen porque saben que un cese al fuego solo les conviene a ellos y le pueden sacar ventaja militar.

Los avances de los últimos días en la negociación y el tono de los negociadores que devela que hay tensiones e interés de la guerrilla de ganar tiempo mientras se aclara el panorama político dada la incierta reelección presidencial no parecen presagiar que sea el momento de plantear un tema como el cese al fuego. Ni los ciudadanos creen todavía lo suficientemente en el proceso como para aceptar que se les de ventajas militares a la guerrilla, ni las Farc sienten que se ha avanzado lo suficiente como para aceptar condiciones de verificación como ubicación de los combatientes en determinados lugares u otras similares que una guerrilla solo acepta cuando ha tomado la decisión irreversible de llegar a un acuerdo y con las Farc no parece que estemos en ese punto aún.

Ojalá el Presidente contradiga rápido al candidato para cerrar esa discusión.

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