JUSTICIA RESTAURATIVA, CLAVE PARA UNA PAZ SOSTENIBLE

Justicia restaurativa, clave para una paz sostenible

Teorías detrás de la propuesta del Fiscal General de penas alternativas a los jefes de las Farc.

Por: PEDRO MIGUEL VARGAS NÚÑEZ

18 de mayo de 2014

http://www.eltiempo.com/politica/justicia/propuesta-de-penas-alternativas-para-jefes-de-las-farc/14005536

Sorpresa e incredulidad causó la propuesta del fiscal, Eduardo Montealegre, de aplicar el modelo de justicia restaurativa en el juzgamiento de los guerrilleros después de firmar un acuerdo de paz, de manera que los que cometieron delitos de lesa humanidad “no vayan a la cárcel, sino que se les apliquen penas alternativas”.

A renglón seguido, el máximo responsable del ente investigador puso como ejemplos “la participación de los máximos responsables en programas de restablecimiento social, como el desminado, y que contribuyen a desmontar las estructuras de guerra, así como un gran trabajo de acercamiento entre víctima y victimario a través de trabajo social”.

En las últimas dos décadas, las negociaciones para terminar los conflictos armados en el mundo han estado marcadas por el debate entre una justicia retributiva (castigo) y una restaurativa, que repara a las víctimas y restaura al ofensor.

La teoría y la práctica en resolución de conflictos han hallado que las sociedades que han vivido largos y profundos enfrentamientos no solo necesitan respuestas a sus necesidades básicas (salud, empleo, tierra, vivienda, educación, etc.), sino también prácticas eficaces de justicia transicional que incluyan verdad, justicia, reparación y garantía de no repetición.

El sacerdote Leonel Narváez, presidente de la Fundación para la Reconciliación, subraya que una base robusta para la paz precisa además de un tercer pilar, que es generalmente por donde se cae la paz: garantizar la sanación de las heridas, mediante el perdón y la reconciliación. “Sin esa cultura política de perdón no hay paz que se sostenga largo tiempo”, dice con vehemencia.

Para Desmond Tutu, el arzobispo que dirigió la Comisión de Verdad y Reconciliación en Suráfrica tras 70 años de apartheid, el problema del posconflicto era la necesidad de hallar un tipo de justicia acorde con la situación del momento, los 90, en el cual víctimas y victimarios tenían que seguir conviviendo en el mismo territorio. En su concepto, la justicia retributiva, basada en el castigo, no cumplía con esa condición.

En su libro Sin perdón no hay futuro, Tutu escribió que, como todo conflicto deja una estela de odio, miedo, culpa y deseos de venganza, “vimos la necesidad de buscar entendimiento en lugar de venganza, reparación en lugar de retaliación y sanar en lugar de victimizar”.

Y esos propósitos se podían alcanzar con la justicia restaurativa, que permite “rehabilitar tanto a la víctima como al ofensor, a quien se le debe dar la oportunidad de reintegrarse a esas comunidades a las que causó daño”, añadió el clérigo.

Andrew Rigby afirma en su el libro Justicia y reconciliación que una cultura de venganza y violencia reproduce los odios de ayer a las generaciones del mañana y estas se manifiestan en la vida diaria: el colegio, el trabajo, la casa, etc. “Y es en este nivel que las semillas de la reconciliación deben ser tejidas con base en la reconciliación, que incluye verdad, justicia, reparación y perdón”, añade el investigador.

En el mismo sentido, Nelson Mandela contó en su libro El largo camino a la libertad que desde que estaba en prisión se dio cuenta de que su misión, de cara al futuro, era “abogar por una reconciliación, por sanar las heridas del país creando confianza entre sus gentes, y no establecer una batalla de unos contra otros”.

Suráfrica optó por la verdad a cambio de amnistía, para tratar de conseguir el perdón y, con este, la reconciliación. Este sistema de justicia transicional fue criticado por no enviar a la cárcel a los culpables de los crímenes, pero el tiempo demostró que Mandela y Tutu tenían razón, y el proceso de reconciliación surafricano se convirtió en un modelo.

Con vistas a lograr una paz duradera, otros países, como Ruanda, Ghana, Zimbabue, Irlanda del Norte, Nepal y Timor Oriental optaron también por mecanismos de justicia restaurativa, de acuerdo con sus propias necesidades de convivencia y democracia, según expone el experto Mohammed Abu-Nimer en el libro Reconciliación, justicia y coexistencia.

Tutu explica que este sistema ofrece una aproximación más humana, ya que parte de la base de que la ofensa fue cometida contra personas. En cambio, la única misión de la justicia retributiva “es castigar al individuo a través del Estado, que es el ofendido, lo que convierte el proceso en algo impersonal, sin consideración por las víctimas individuales o los ofensores”.

Otra razón por la que los expertos se inclinan por la justicia restaurativa es que normalmente el ofensor fue anteriormente ofendido, por lo cual, si se van a castigar a los culpables de los conflictos, habría que buscar a los que iniciaron el ciclo de violencia.

En el caso de Ruanda, donde 800.000 personas fueron asesinadas en 100 días, Phil Clark explica en el ensayo ¿Cómo Ruanda juzgó su genocidio? que, después de las discusiones de los crímenes mediante el método tribal de la ‘Gacaca’, “se piensa hasta qué punto hay que castigar a los campesinos perpetradores cuando fueron las élites políticas y militares las que iniciaron el genocidio”.

A la hora de decidir entre la justicia retributiva y la restaurativa en la etapa del posconflicto, los expertos también citan la incapacidad de los sistemas judiciales para juzgar y castigar a un elevado número de ofensores o criminales después de un proceso de paz.

Una costosa injusticia

Ruanda es un ejemplo: en el 2001 había en la cárcel 120.000 sospechosos de haber participado en el genocidio, a un costo de 20 millones de dólares por año. Debido a la presión internacional, en este país africano se instaló en 1997 el Tribunal Internacional Criminal para Ruanda. Quince años después, en el 2012, esta corte –que aplicaba una justicia típica de jueces, abogados, pruebas, contrapruebas y cárcel– había juzgado solo 60 casos y gastado 1.000 millones de dólares.

La ‘Gacaca’, el método tradicional, logró juzgar más de un millón de casos, no solo relacionados con genocidio, sino también con otros crímenes y toda clase de problemas comunales, a un costo de 40 millones.

Los investigadores concluyen que la justicia restaurativa no se trata de ‘tragar sapos’ ni de fomentar la impunidad, sino de otra manera de impartir justicia. “Hacer pagar al otro es muy diferente desde esta perspectiva. La meta es restaurar la complejidad humana –aclara Donna Hicks, profesora de Harvard que ha participado en procesos de reconciliación durante más de 30 años, incluidos los de Irlanda del Norte y Suráfrica–. No es escoger entre justicia o impunidad, sino reconocer que la dignidad de las personas y la paz no se pueden separar”.

“La gente aprende a odiar, pero también aprende a amar, no nacemos así”, dijo Mandela.

Dos tipos de justicia diferentes

Retributiva (tradicional)

El crimen es definido como violación de la ley.

La víctima es el Estado.

Las partes más importantes son el Estado y el ofensor.

Los derechos y necesidades de las víctimas son ignorados.

La ofensa es definida en términos técnico-jurídicos.

La falta genera culpa.

La culpa es absoluta (si/no) e imborrable.

El error se paga con un castigo, con una pena.

La deuda es con una sociedad abstracta.

Asume que el ofensor decidió libremente cometer una falta contra la víctima.

Restaurativa (transicional)

El crimen es un daño a las personas y a sus relaciones.

Las víctimas son las personas.

Las partes más importantes son la víctima y el ofensor.

Los derechos y necesidades de las víctimas son prioritarias.

La ofensa tiene un contexto moral, económico, político, etc.

La falta genera reparación.

La culpa tiene grados de responsabilidad y es removible.

El error se paga con acciones reparadoras.

La deuda es primordialmente con la víctima.

Reconoce que el contexto social influye en la mala acción, pero no niega la responsabilidad.

‘Hay que acabar la mentalidad de buenos y malos’

La resolución de conflictos enseña que en un lugar como Colombia, que ha vivido una guerra tras otra desde su independencia, como lo explica Gonzalo España en El país que se hizo a tiros, es necesario que la firma de un acuerdo de paz vaya acompañada de un proceso de reconciliación, para el cual la verdad y la justicia restaurativa son esenciales.

El sacerdote Leonel Narváez, presidente de la Fundación para la Reconciliación, sostiene que el gran reto para la paz del país es lograr un ascenso cultural desde la justicia retributiva hasta la restaurativa, no solamente en el ámbito penal, sino también en el laboral, en el educativo y en el familiar. “En el corazón de la paz en Colombia está el perdón, ya que sin él no hay futuro, y porque sin perdón las víctimas se quedan amarradas al pasado por no poder superar la rabia y el rencor”, argumenta.

Donna Hicks, experta de la Universidad de Harvard que ha estado en Colombia, enfatiza que cuando se castiga a alguien se lo ve como a un enemigo, “lo que justifica la deshumanización del otro y cualquier acto de violencia en su contra; por eso, para superar el conflicto, los colombianos tienen que reemplazar la mentalidad de buenos y malos por una de nosotros, la gente de Colombia”.

En el caso del sometimiento de las autodefensas, durante los últimos nueve años se han dictado menos de una docena de condenas, fruto de más de 4.000 procesos. Narváez considera que, aunque el marco de Justicia y Paz (Ley 975 del 2005) se quedó corto, sí ha permitido avanzar en temas como verdad, justicia, reparación y garantías para que no vuelva a repetirse la violencia paramilitar.

“En el proceso con los ‘paras’ hubo un escándalo cuando se convinieron las penas de ocho años para personas que habían asesinado a centenares, y se dijo que eso era imposible. Sin embargo, pienso que desde entonces Colombia sí ha avanzado en la concepción de la justicia transicional”, opina Narváez.

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