¿CÓMO EXIGIRÁ SU CONDICIÓN DE VÍCTIMA DE LAS FARC?

¿Cómo exigirá su condición de víctima de las Farc?

John Frank Pinchao habla con María Isabel Rueda sobre cómo rehizo su vida.

Por: María Isabel Rueda

 23 de junio de 2014

http://www.eltiempo.com/politica/justicia/entrevista-de-maria-isabel-rueda-al-exsubintendente-john-frank-pinchao/14160423

 

¿Todas las víctimas son iguales?

Todos somos víctimas, pero por distintos motivos. Por ejemplo, hay víctimas por desplazamiento. O por secuestro extorsivo y por desaparición forzada.

¿Usted cree en este proceso de paz?

Me remonto hacia atrás en la historia y veo todos los fracasos, pero tengo mucha esperanza en que este salga adelante.
No pueden ir todas las víctimas de las Farc a La Habana.

¿Cuál sería entonces la modalidad de representar a las víctimas en La Habana?

Sería importante que fuera un representante de los desplazados, un representante de los secuestrados, un representante de los mutilados, y otro representante podría ser de los desaparecidos como tal.

¿Pero usted cree que, finalmente, con el reconocimiento de las Farc de que sí produjeron víctimas sí hay un sincero deseo de echar para adelante?

Creo que el reconocimiento de las víctimas debió haber sido el primer punto de la agenda. Cuando yo reconozco a mi enemigo y el daño que le he hecho, ese es el primer paso para la reconciliación.

 

 

 

¿Qué fue de su vida? Han pasado ya años después de esa aventura tan dolorosa que le tocó vivir…

Pues tuve el apoyo de la Policía Nacional en cuanto a seguridad y también en cuanto a oportunidades. Una de ellas fue ir a trabajar en la agregaduría de Policía en la embajada de Colombia en Chile. Allí duré un año; fue una experiencia muy enriquecedora porque por primera vez en mi vida tuve la oportunidad de conocer otras culturas, otras personas, otros ambientes, otros espacios. Fue para mí prácticamente un descubrimiento ver que en Suramérica existía hielo; yo siempre lo asociaba con el norte y con Europa. Terminada la misión diplomática regresé a mi país y, a través de Ingrid Betancourt, por favorecimiento del gobierno francés, nos brindaron becas para estudiar en Francia. A mí me dieron un año de Ciencias Políticas.

Pero usted no hablaba francés…

No, pero aprendí. Estudié un mes e ingresé a la universidad. Pero realmente a los seis meses fue cuando ya pude dominarlo. Y después me pasé a la Sorbona a estudiar Gestión y Resolución de Conflictos, con énfasis en Mediación y Negociación. En el año 2011 ya inicié mi vida en Colombia. Me asenté. Tenía acumuladas muchas vacaciones en la Policía y las tomé todas. Al final pedí mi retiro porque ya completé el tiempo de servicio: 21 años. Había salido una ley que favorecía a quienes estuvieron secuestrados para reconocerles el tiempo de secuestro como tiempo doble, pero desafortunadamente a mí no me la aplicaron.

¿Por qué?

Me dijeron que no se aplicaba a mí, no sé por qué razón. Me quisieron argumentar que era porque ya estaba en uso de buen retiro, pero eso realmente no es cierto porque a mi general Mendieta sí le reconocieron el tiempo doble.

¿Cuántos años han pasado desde su pesadilla?

Siete años, contados desde cuando pude regresar a la libertad, cuando sentí que por fin volvía a ser libre para abrazar a mi familia, a mis compañeros de la Policía y al pueblo colombiano en general.

Los colombianos lo recordamos con mucha admiración. Fue uno de los pocos secuestrados de las Farc que lograron escapar. Y sus compañeros exaltaron en todo momento su compañerismo y solidaridad…

Afortunadamente logramos escapar. Fueron unos años tremendamente difíciles.

Acaban de arrancar a discutir el punto de las víctimas en la agenda con las Farc. ¿Cómo entiende usted su condición de víctima?

Para mí, víctima es la persona que ha sido objeto de algún vejamen de grupos al margen de la ley. Llámense paramilitares, guerrillas o, incluso, de agentes del Estado. En mi caso particular soy víctima de las Farc, ya que permanecí secuestrado por ocho años y medio junto con mis compañeros policías y militares, también con políticos, algunos de los cuales fueron asesinados, y con civiles, de muchos de los cuales realmente no conocemos el paradero.

¿Todas las víctimas son iguales?

Todos somos víctimas, pero por distintos motivos. Por ejemplo, hay víctimas por desplazamiento. O por secuestro extorsivo y por desaparición forzada. Hace poco me reuní con la madre de uno de ellos, un médico del cual ella no sabe absolutamente nada desde hace muchos años. No le han dado razón del paradero de él o por lo menos de su cadáver.

¿Cómo quisiera hacerse oír en La Habana?

El día que se sacó el comunicado de la agenda sobre las víctimas, quienes más fueron entrevistados y visualizados fueron víctimas del Estado, mientras las víctimas de las Farc estuvimos totalmente ausentes. Ojalá que no se vaya a politizar ese tema con la representación de las víctimas.

¿Pero las víctimas no son por igual víctimas?

Reconocemos la pluralidad de las víctimas. Las hay de las dos partes en contienda. Pero, frente al proceso con las Farc, no queremos que nos mezclen con otro tipo de víctimas, que ya tendrán su momento y su espacio para hacer su respectivo reclamo. Las víctimas de las Farc queremos nuestra propia verdad, justicia y reparación. La verdad para aquellos mutilados a quienes les han cercenado sus miembros, sus piernas, sus brazos, sus ojos, y que les digan por qué razón ellos han sido objeto de esas minas antipersonales. Que les digan a aquellas viudas y huérfanos por qué les asesinaron a sus seres queridos, a sus padres, esposos, hermanos, hijos, tíos. Que las Farc pongan la cara. Que les digan a todos esos miles de desplazados por qué razón los corrieron de sus sitios de origen y los conminaron a vivir dificultades en las ciudades. Por qué les han robado su trabajo, sus fuentes de ingreso, su forma de vida. A los secuestrados que nos digan por qué razón nos secuestraron. A las familias que no saben absolutamente nada de sus seres queridos que les digan por lo menos dónde están los cuerpos, dónde están las fosas comunes. Eso es lo que estamos pidiendo a las Farc sus víctimas, en cuanto a la verdad.

¿Y en cuanto a la justicia?

Con este proceso de paz están hablando de algunas alternativas y eso va a ser muy doloroso para las víctimas. Para las que tienen voluntad de paz, el costo va a ser muy alto. Para las que aún tienen rencor y mucho dolor en su corazón lo van a ver como un premio a sus victimarios.

¿Aprueba la participación política de sus cabecillas?

Bastante doloroso para las víctimas, porque, con un 60 por ciento de abstención, donde estos guerrilleros ya en función de políticos logren cautivar esa franja van a llegar de seguro al poder. De hecho ya tenemos en un alto cargo del poder que es la ciudad de Bogotá a un exmiembro de una guerrilla y no estamos lejos de continuar con esa trayectoria.

¿Y eso a usted le parece mal?

Hablamos de dos lecturas de las víctimas. Son cuatro millones de víctimas que hay en Colombia. Algunas de ellas van a decir: ‘Bueno, ese es el costo de la paz’. Pero otras van a decir: ‘¿Ese es el premio a nuestros victimarios? ¿Tener que verlos ahora gobernando las ciudades, los departamentos y hasta incluso el país?’.

¿Y qué espera en cuanto a la reparación?

El Gobierno está haciendo su esfuerzo en la parte económica. Sin embargo, falta hacerle algunos ajustes, por ejemplo, en cuanto a la atención sicosocial. Tengo una hermana que es odontóloga que trabaja en un hospital, donde tiene que tratar con desplazados. A un grupo de ellos les dijo que existía acción social para que fueran y expusieran su caso. ¿Sabe qué le contestaron? ‘Nos da vergüenza pedir; nosotros queremos es trabajar’. Entonces, que se entienda que las víctimas no son un grupo de limosneros, que son personas que quieren resocializarse, volverse nuevamente productivas y recuperar esas herramientas que les fueron robadas. Pero también yo creo que la guerrilla, con todos sus bienes y dinero, tiene que participar en esta reparación.

Si tuviera la oportunidad de viajar a La Habana, ¿qué les diría en la cara al señor Márquez, al señor Catatumbo?

Ya se dio el primer paso, que es el reconocimiento de las víctimas. Ahora el siguiente paso es que pidan perdón. Eso generará la reconciliación verdadera, que nos va a conducir a la paz.

¿Usted cree, como ellos alegan, que también son víctimas?

Ese es un punto bastante complicado. ¿Por qué razón se consideran víctimas ellos? Cuando protestan por la vía armada, cuando incineran gente viva, cuando envían niños a colocar bombas, cuando desplazan a un montón de gente, pasan de víctimas a victimarios. Esa no es la dinámica de una víctima. Las víctimas aquí en general son gente de a pie, son el campesino que ordeña la vaquita, que ara la tierra; el policía, la gente del pueblo.

¿Todavía alberga dolor u odio en su corazón?

Creo que el dolor va a ser permanente; las heridas son incurables. Lo del perdón es una cuestión a título personal. Tuve la fortuna de que, durante mi secuestro, cayera en mis manos un libro que le enviaron a mi gran amigo el sargento César Augusto Lasso Monsalve. Un libro religioso, en el que había un capítulo especial, que hablaba sobre el perdón. Ese libro me sirvió demasiado porque me hizo entender que todo ese dolor que la gente le producía a uno había que dejarlo en manos de Dios y que eso le desarmaba el corazón a uno, lo dejaba limpio y le permitía seguir creciendo. Eso fue lo que hice; cogí todo ese rencor, todo ese odio, todo ese dolor, y lo dejé en manos de Dios. Y Dios fue haciendo justicia, la justicia divina. Fue así como los máximos dirigentes de las Farc murieron o fueron dados de baja, mientras otros fueron capturados y están encarcelados; otros más se han entregado a la justicia.

Su carcelero, Martín Sombra, está preso…

Eso me ha permitido voltear la página. Aunque, como le digo, las heridas son imborrables, pero el perdón es un paso para intentar sanar las heridas y entonces ya puede uno dedicarse a su familia, a estudiar, a viajar.

¿Qué hace actualmente?

Hoy en día estamos trabajando con una empresa consultora en seguridad y damos conferencias sobre prevención del secuestro, manejo del secuestro en el caso de que la persona sea secuestrada y las posibilidades de fugarse en caso de que sea posible.

¿Es un hombre feliz?

Si algo le dio un giro total a mi vida fue el nacimiento de mi hija, María José. Eso me cambió toda la perspectiva y yo creo que, a través de mi hija, he descubierto un amor inmenso, y es la que llena de felicidad cada uno de mis días.

Al lado de todo eso que tiene hoy, ¿lo demás queda atrás?

Así es. Vivo una nueva vida, reconstruí mi vida totalmente, y toda esa ancla como que la boté, aunque todavía siga unido a la cadena que la amarra.

¿Usted cree en este proceso de paz?

Me remonto hacia atrás en la historia y veo todos los fracasos, pero tengo mucha esperanza en que este salga adelante.
No pueden ir todas las víctimas de las Farc a La Habana.

¿Temen que la representación de sus intereses pueda ser manipulada políticamente?

No queremos que esto se vaya a politizar. Queremos que quien nos represente lo haga a nombre de las víctimas reales, las víctimas de a pie. Que no sean actores políticos, que no tienen nada que ver con las víctimas, los que vayan a representarnos en esta mesa.

¿Cuál sería entonces la modalidad de representar a las víctimas en La Habana?

Sería importante que fuera un representante de los desplazados, un representante de los secuestrados, un representante de los mutilados, y otro representante podría ser de los desaparecidos como tal.

¿Pero usted cree que, finalmente, con el reconocimiento de las Farc de que sí produjeron víctimas sí hay un sincero deseo de echar para adelante?

Creo que el reconocimiento de las víctimas debió haber sido el primer punto de la agenda. Cuando yo reconozco a mi enemigo y el daño que le he hecho, ese es el primer paso para la reconciliación.

MARÍA ISABEL RUEDA
Especial para EL TIEMPO

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